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martes, 29 de enero de 2013

DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO

BLOG CATÓLICO DE JAVIER OLIVARES-BAIONA

 Blog Católico de Javier Olivares Baiona

 DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO
 INVOCARLO CON FE DA RESULTADO, 
lo sé por propia experiencia
1ª Se crea un lazo de amor entre nuestra alma y la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.
2ª Un aumento notable de todas nuestras devociones, especialmente a la Sagrada Eucaristía, al Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen.
3ª Una seguridad de recibir en el alma más inspiraciones del Espíritu Santo y la fuerza para ponerlas en práctica.
4ª Procurar de una manera excelente la gloria de Dios, trabajando cada día en hacer conocer y amar al Santificador de las almas.
5ª Trabajar muy especialmente por el advenimiento del reinado de Dios en el mundo, por la acción del Espíritu vivificante.
6ª Ser verdadera y prácticamente apóstol del Espíritu Santo.
7ª Atraer sobre el alma auxilios espirituales del Espíritu Santo, más íntima unión con Dios por medio del Santificador, mayor progreso en la oración mental, más consuelo y hasta alegría en la hora de la muerte, después de tan sublime apostolado.

EL INVOCAR A MENUDO AL ESPÍRITU SANTO ES PRENDA SEGURA DE ACIERTO EN LAS SITUACIONES DIFÍCILES DE NUESTRA VIDA.


Ven Espíritu Santo 

Ven, Espíritu Santo, Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía, Señor, tu Espíritu.
Que renueve la faz de la Tierra. 
Oración:
Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que,guiados por el mismo Espíritu,sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo.Por Jesucristo Nuestro Señor.Amén.


miércoles, 16 de enero de 2013

¿Vale la pena casarse?

BLOG CATÓLICO DE JAVIER OLIVARES-BAIONA nº 3

¿Vale la pena casarse?
Tomás Melendo
Catedrático de Filosofía (Metafísica)
Director de los Estudios Universitarios en
Ciencias para la FamiliaUniversidad de Málaga
Casarse, ¿Para qué?
      Bastantes jóvenes aseguran hoy que no ven razón alguna para contraer matrimonio. Se quieren, y en ello encuentran una justificación sobrada para vivir juntos. Estimo que están equivocados, pero los comprendo perfectamente.
    Y es que las leyes y los usos sociales han arrebatado al matrimonio todo su sentido:
    a) por una parte, la admisión del divorcio elimina la confianza de que se luchará por mantener el vínculo;
    b) por otra, la aceptación social de “devaneos” extramatrimoniales, considerados casi como una “necesidad“, por no decir un “derecho“… o un “deber”, suprime la exigencia de fidelidad;
  c) y, finalmente, la difusión masiva e indiscriminada de contraceptivos, unida a la afirmación de su total inocuidad —espiritual, psíquica y física—, desprovee de relevancia y valor a los hijos.
   ¿Qué queda, entonces, de la grandeza de la unión conyugal?, ¿qué de la arriesgada aventura que siempre ha sido?, ¿con qué objeto “pasar por la iglesia o por el juzgado“?
  Vistas así las cosas, a quienes sostienen la absoluta primacía del amor habría que comenzar por darles la razón, para después hacerles ver algo de capital importancia, que otras veces ya he apuntado: es imposible quererse bien, en serio, sin estar casados.      
Hacerse capaz de amar
        Aunque pueda suscitar cierto estupor, lo que acabo de sostener es bastante cierto. En todos los ámbitos de la vida humana hay que aprender y capacitarse. ¿Por qué no en el del amor, que es a la par la más gratificante, decisiva y difícil de nuestras actividades? Jacinto Benavente afirmaba que «el amor tiene que ir a la escuela». Y es verdad. Para poder querer de veras hay que ejercitarse, igual que, por ejemplo, hay que templar los músculos para ser un buen atleta.
   Pues bien, la boda capacita para amar de una manera real y efectiva.
 Nuestra cultura no acaba de entender el matrimonio: lo contempla como una simple ceremonia (mejor cuanto más lujosa o extravagante), un contrato rescindible, un compromiso…Algo que, sin ser falso, resulta demasiado pobre.
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Casarse o “convivir“
        No se trata de teorías. Cuanto acabo de exponer tiene claras manifestaciones en el ámbito psíquico.
        El ser humano solo es feliz cuando se empeña en algo grande, que efectivamente compense el esfuerzo. Y lo más impresionante que un varón o una mujer pueden hacer en la tierra es aprender a amar.
        Vale la pena dedicar toda la vida a amar cada vez mejor y más intensamente, porque solo para eso hemos venido a este mundo.
     De ahí que, en realidad, sea lo único que merece nuestra dedicación: todo lo demás, todo, debería ser tan solo un medio para conseguirlo. «Al atardecer de nuestra existencia —repetía san Juan de la Cruz— se nos examinará del amor». ¡Y de nada más!, añado yo: todo lo que, en mi vida, no transforme en amor, resulta inútil, vano o incluso perjudicial.
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 ¿Amor o “papeles”?
        Todo lo cual parece avalar la afirmación de que “lo importante” es quererse. ¡Y es que es verdad!
        El amor es efectivamente lo importante. No hay que tener miedo a esta idea. Pero ya he explicado que no puede haber amor cabal sin donación mutua y exclusiva, sin casarse.
        Los papeles, el reconocimiento social, no son de ningún modo lo importante; pero, en cuanto confirmación externa de la mutua entrega, resultan imprescindibles.
        ¿Por qué?
        Desde el punto de vista social, porque mi matrimonio tiene repercusiones civiles claras, que aumentan todavía más con la llegada de los hijos: la familia compone —o debería componer— la clave del ordenamiento jurídico y el fundamento de la salud de una sociedad; es indispensable, por tanto, que quede constancia de que otra persona y yo hemos decidido cambiar de estado y crear una nueva familia.
        Pero, sobre todo, la dimensión pública del matrimonio, la ceremonia religiosa y civil...la fiesta con familiares y amigos, las participaciones del acontecimiento, anuncios en los medios —¡superguay, si puede ser en la tele!—… todo deriva de la enorme relevancia que lo que están llevando a cabo tiene para los cónyuges. Si eso va a cambiar radicalmente mi vida, a hacerla mejor, si me va a permitir algo que es una auténtica y maravillosa aventura, me gustará que todos o, al menos, los auténticos amigos lo sepan: igual que pregono con bombo y platillo las restantes buenas noticias.(En España el matrimonio por la Iglesia tiene reconocimiento civil, como también otras confesiones que lo pidieron, para que los fieles no tengan que hacer dos matrimonios, La Iglesia lo comunica al Registro
 y allí reciben el libro de familia) 
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Observar y reflexionar 
 Ciertamente, esa decisión radical de entrega no basta para dar un paso de tanta trascendencia. Hay que considerar también algunos rasgos del futuro cónyuge
   ¿Cuáles?
En primer término, por pura honradez, he de advertir que la viabilidad de un matrimonio nunca puede conocerse teniendo relaciones íntimas antes o en vez de la boda: como enseguida veremos, por más que choque contra la costumbre y las pretensiones generales, la situación que así se crea es tan artificial, tan abismalmente distinta de lo que sostendrá un matrimonio, que no existe modo peor de calibrar, si debo o no casarme con aquella persona.
        Los rasgos que debería tener en cuenta son siempre otros: Por ejemplo, si “me veo“ viviendo durante el resto de mis días con aquella persona, incluso cuando esté sin arreglar, ronque o le crezcan los michelines; también, y antes, cómo actúa en su trabajo y con sus colegas, como trata a su familia, a sus amigos; si sabe controlar sus impulsos, incluidos los sexuales: porque, de lo contrario, nadie me asegura que será capaz de hacerlo cuando estemos casados y se encapriche con otro u otra; si me gustaría que mis hijos se parecieran a ella o a él (¡qué horror!)… porque de hecho, lo quiera o no, se le van a parecer; si sabe estar más pendiente de mi bien (y de su bien real, por más que le cueste) que de sus simples y casi inacabables antojos, Por el contrario; si en su casa, con sus amigos,con sus compañeros de trabajo… se porta como un o una egoísta o como un o una déspota, si no tiene en cuenta los deseos y el bien real de quienes lo rodean, ¿quién puede asegurarme de que no va a acabar así… también en la cama?
Relaciones anti-matrimoniales

Relaciones anti-matrimoniales
        Y aquí suele plantearse una de las cuestiones más decisivas y sobre las que impera mayor confusión. La necesidad de conocerse, de saber si uno y otra congenian, ¿no aconseja vivir juntos un tiempo, 
con todo lo que esto implica? Se trata de un asunto muy estudiado y sobre el que cada vez se va arrojando una luz más clara.
leer más y completo en el enlace ....
         

        Un buen resumen del status quaestionis sería el que sigue: está estadísticamente comprobado que la convivencia previa al matrimonio nunca produce efectos beneficiosos: ¡nunca!
        Por ejemplo:
a) los divorcios son mucho más frecuentes —parece que el doble— entre quienes han convivido antes de contraer matrimonio;
b) las actitudes de los jóvenes que empiezan a tener trato íntimo empeoran notablemente, y a ojos vista, desde ese mismo momento: se tornan más posesivos, más celosos y controladores, más desconfiados y gruñones… incluso más feos.

Pero, ¿por qué?
  La causa, aunque profunda, no es difícil de intuir. 
El cuerpo humano es, en el sentido más hondo de la palabra, personal; y quizá muy especialmente sus dimensiones sexuales. 
En consecuencia, la sexualidad sabe hablar un único idioma: el de la entrega plena y definitiva.
  Pero, en las circunstancias que estamos considerando, esa total disponibilidad resulta contradicha por el corazón y la cabeza, que, con mayor o menor conciencia, la rechazan,al evitar un compromiso de por vida.
  Surge así una ruptura interior en cada uno de los novios, manifestada psíquicamente por un obsesivo y angustioso afán de seguridad, cortejado de recelos, temores, rencores y suspicacias, que acaban por envenenar la vida en común.
 Por otro lado, como consecuencia de lo anterior, uno y otra empiezan a sentirse mal…y buscan de nuevo “estar juntos” como medio para evitarlo; el malestar se calma momentáneamente, mientras duran las relaciones, para luego crecer con más fuerza, “estar otra vez más juntos“, aumentar la desazón persistente, en una especie de espiral fatídica que culmina casi siempre con la separación… y peor si no es definitiva!  De ahí que, en contra del uso habitual, a este tipo de relaciones prefiera llamarlas “anti o contramatrimoniales“.

Para conocerse de veras
Por otro lado, resulta ingenua la pretensión de decidir la viabilidad de un matrimonio por la “capacidad sexual“ de sus componentes: ¡como si toda una vida en común dependiera o pudiera sustentarse en unos actos que, en condiciones normales, suman unos pocos minutos a la semana!

¿Probar a las personas?
Pero se puede ir más al fondo: no es serio ni honrado “probar” a las personas, como si se tratara de caballos, de coches o de ordenadores. Las personas son algo tan grandioso que, en su presencia, solo cabe la veneración y el amor; por ellas arriesga uno la vida, «se juega a cara o cruz—como decía Marañón—, el porvenir del propio corazón» la vida entera.
Además, la desconfianza que implica el ponerlas a prueba no solo genera un permanente estado de tensión, difícil de soportar, sino que se opone frontalmente al amor incondicional-incondicionado e incondicionable-que está en la base de cualquier buen matrimonio: y si no hay base o punto de apoyo, el matrimonio… se cae.
A lo que cabe añadir otro motivo, todavía más determinante: no se puede realizar ese “experimento”, es materialmente imposible, aunque parezca lo contrario: porque la boda cambia muy profundamente a los novios; no solo desde el punto de vista psicológico, al que ya me he referido, sino en su mismo ser: los modifica hondamente, los transforma en esposos, les permite amar de veras: ¡antes no es posible ese amor!
Pero este es un tema de tanta trascendencia que prometo volver muy pronto sobre él.
Te recomiendo todo el artículo, aunque sea largo para tener ideas claras.
enlace:
Y al final me darás las gracias.
Franja.

lunes, 14 de enero de 2013

EL INFIERNO DE LOS CONDENADOS

BLOG CATÓLICO DE JAVIER OLIVARES-BAIONA 

EL INFIERNO DE LOS CONDENADOS

Da terror el ver cómo muchos juegan en Internet con el infierno.


El día 13 de enero, hizo un año que puse el articulo sobre El Infierno. El día 6 de octubre lo volví a poner en primera línea. Ahora pongo solo el enlace para aquel que le interese y que entre por primera vez, acuda a él, para la visita virtual.

Ha sido la página más visitada. 

Todos los días entran en ella una gran cantidad de personas.
Van más de 40.000 visitas. Si con esa visita se consigue que una persona mejore su vida y cambie de rumbo, lo daré todo por bien empleado. En ese artículo está también el enlace al Purgatorio y el enlace de El CieloOjalá siga haciendo el bien. 

Con cariño a todos los que entren en esa visita virtual, aunque sea por curiosidad... Os saluda vuestro amigo de verdad, y por eso me interesa vuestro bien. Os pongo en mis oraciones para que no toméis a broma las llamas del infierno. Franja.

enlace del blog:
http://santamariadebaionadiocesistuy-vigo.blogspot.com.es/2011/01/el-infierno.html



Que nunca caminéis en esa dirección. S. Miguel Arcángel nos defienda en la lucha de cada día contra el Maligno, que nos quiere apartar de Dios.
Franja. 

domingo, 13 de enero de 2013

HABLAR O CALLAR,

BLOG CATÓLICO DE JAVIER OLIVARES-BAIONA nº. 1
Vista de Baiona desde el Castillo de Monte Real
Un blog que comienza con un tema muy controvertido, HABLAR O CALLAR, nos debe llevar a ser discretos en el lenguaje, porque las palabras, se dice, que a veces "las carga el diablo", y uno no quería haber dicho lo que interpretaron aquellos que las escucharon o las leyeron.

Esta facultad maravillosa-la de hablar-, de escribir, de comunicarnos unos con otros, que reconocemos ser uno de los dones que Dios nos concedió al hacernos a su imagen y semejanza, junto con la libertad, hay que usarla siempre con prudencia y moderación. Mucho se ha escrito sobre el HABLAR O CALLAR. 

Yo quisiera poner un granito de arena, para que valoremos más la necesidad de hablar cuando es tan necesario, dada la falta de formación humana y doctrinal cristiana, que puede ayudar a mejorar un poco este mundo desquiciado por la ligereza en el hablar, o la de callar, cuando sabemos que puede ser más oportuno esperar otra ocasión más favorable. No hablo aquí de lo "políticamente correcto" ,
que la mayor parte de las veces es un cobardía. "La verdad os hará libres". 

El mundo de hoy necesita de la verdad. Mentiras las vemos a cada paso. Incongruencias a montones.  Vamos a tratar de hacer un hueco en nuestra vida. 
Hay que prepararse en este AÑO DE LA FE para crecer cada uno de nosotros interiormente y participar en este cometido del que un cristiano consciente y responsable no puede desentenderse. Contamos con la ayuda de Dios, que no faltará al que ponga los medios oportunos. Franja.

La Sagrada Familia, 
protectora de nuestras familias

Hablar y callar a tiempo

Autor: Salvador I. Reding Vidaña | 
 Fuente: www.yoinfluyo.com 
No hay duda que en muchas ocasiones, ya a destiempo, pensamos que debimos haber dicho lo que callamos
Hablar y callar a tiempo
En general, se educa a la gente a que es mejor callar que hablar, que “en boca cerrada no entran moscas”, o en lenguaje folclórico: “calladito te ves más bonito”. No tiene que ser así.

Dicen también que uno se arrepiente más de lo que dice que de lo que calla, y en general es cierto, cuando lo dicho se hace bajo presión del enojo, la ira o la desesperación, por ejemplo. En esas ocasiones, las personas tienden a decir cosas de las que después se arrepienten, sobre todo cuando ofenden a otros o les faltan al respeto. También en esos casos altamente emocionales, las personas tienden a revelar cosas que no debieron decir, como revelar confidencias.

Pero la petición de callarse y no decir cosas que pueden ser incómodas, comprometedoras o indebidas tiene y debe tener límites. Una mala interpretación de la diplomacia en las relaciones políticas es que se debe ser “políticamente correcto”, esto es no incomodar al adversario o a otros personajes del medio político. Pero no tiene tampoco que ser así.
Por ejemplo, cuando los partidarios de la muerte, esos que defienden el aborto provocado defienden sus posiciones, se supone que los defensores de la vida deben ser… prudentes, y no decir nada que los moleste o lo ponga en entredicho. Esto no es aceptable, aunque las mentes torcidas digan que es políticamente incorrecto replicar a esas personas.

Lo mismo pasa cuando los partidarios del libertinaje sexual expresan sus dislates, no quieren que los defensores del orden en el manejo de la sexualidad hablen. De igual modo, esto no es aceptable, aunque las mentes torcidas digan que es políticamente incorrecto replicar a esas personas.

Jesús fue políticamente incorrecto, en ese sentido. En lugar de evitar la confrontación con aquellos que lo atacaban y murmuraban a sus espaldas, les dijo cosas como ¡sepulcros blanqueados!

Pero dejando los temas políticos y de liderazgo aparte, en la vida diaria se presentan muchas ocasiones en que una persona se pregunta si debe decir algo o callar. Sin duda que, con las emociones bajo control, hay muchas cosas que en su momento deben decirse y no se dicen. En este sentido hay también un dicho popular: más vale una vez colorado que cien (o mil) descolorido.

Una queja, un reclamo a tiempo, por ejemplo, evitan problemas posteriores. Igual una llamada de atención a quien mal se porta, en el sentido que sea; no debe callarse. A veces pensamos que, para no molestar –o hasta enfurecer– a alguien, es mejor dejar las cosas para una mejor ocasión, la cual normalmente no vuelve a presentarse.

Una opinión diferente de la que se expresa en una conversación, en una reunión de trabajo o de familia, puede parecer incómoda para otros, y la gente se la guarda, a sabiendas de que tiene razón y que su parecer es mejor o evita problemas posteriores, sobre todo al discutir acciones a tomar.

Lo mismo pasa cuando se desea hacer una pregunta difícil, incómoda, pero cuya respuesta nos es importante. La persona calla, por temor, debilidad o errónea prudencia, y puede sufrir luego las consecuencias de no haber conocido la respuesta. Se pierde también la oportunidad quizá de tener ya no una respuesta mala, penosa, sino al contrario, reconfortante, tranquilizadora.

Cuando hacemos esto no hay duda que en muchas ocasiones, ya a destiempo, pensamos que debimos haber dicho lo que callamos. Demasiado tarde. Podemos llegar al extremo de dolernos de no haber dicho algo importante a quien ya está muerto o alejado por siempre.

Debemos reflexionar sobre la conveniencia de que, en muchas ocasiones, hay que olvidarnos del principio de lo políticamente correcto, y ser política, o familiar o amistosamente incorrectos. A veces se debe confrontar a otros en temas o decisiones importantes o hasta trascendentales, pero resulta que “no me gustan las discusiones”. Callar entonces es un error, tanto si resulta luego que teníamos la razón o no.

Cuántas veces, por no haber dicho perdón, lo siento, en el momento adecuado, las personas se arrepienten de haberlo dejado pasar. En estos casos, la soberbia (ese amor propio mal entendido y exagerado) nos impide decir a quien hemos dañado, material o afectivamente, que reconocemos el error y estamos arrepentidos.

Así, cuando pensemos que es el momento de decir o preguntar algo importante, que pueda afectar desde asuntos nimios pero útiles hasta vitales, debemos hablar. Claro que no debe alguien dejarse llevar por un arrebato temperamental, sobre todo cuando bajo sus efectos se lastima a otros, pero sí se debe hablar cuando es el momento, y la posibilidad de arrepentirse de haberlo dicho será muy relativa.

“Sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y retirarse a tiempo” escribió Renato Leduc. Pues bien, igualmente es válido “a tiempo hablar y callarse a tiempo”. Y esos tiempos, hay que aprender a reconocerlos
enlace:

HABLAR O CALLAR...
HABLAR oportunamente, es acierto.
HABLAR frente al enemigo, es civismo.
HABLAR ante una injusticia, es valentía.
HABLAR para rectificar, es un deber.
CALLAR miserias humanas, es caridad.

CALLAR a tiempo, es prudencia.
CALLAR de sí mismo, es humildad.
CALLAR palabras inútiles, es virtud.
CALLAR ante una insistencia, es concesión.

HABLAR de defectos, es lastimar
HABLAR ante un dolor, es consolar.
HABLAR para ayudar a otros, es caridad.
HABLAR con sinceridad, es rectitud.
HABLAR debiendo callar, es necedad.

CALLAR para defender, es nobleza.
CALLAR las propias penas, es sacrificio.
CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.
CALLAR debiendo hablar, es cobardía.
CALLAR a tiempo, es de sabios.

HABLAR de sí mismo, es vanidad.
HABLAR restituyendo fama, es honradez
.HABLAR disipando falsedades, es de conciencia.
HABLAR aclarando chismes, es estupidez.
HABLAR por hablar, es tontería.
CALLA A TIEMPO
El que mucho habla, mucho yerra.
En boca cerrada no entran moscas.
No digas nada de lo que te puedas arrepentir.