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jueves, 28 de febrero de 2013

Última audiencia general del Papa Benedicto XVI

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona

TEXTO COMPLETO: Última audiencia general del Papa Benedicto XVI

foto ACI Prensa
foto ACI Prensa
VATICANO, 27 Feb. 13 / 08:42 am (ACI).- ¡Venerados hermanos en el Episcopado!
¡Distinguidas autoridades!
¡Queridos hermanos y hermanas!
Os agradezco por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi pontificado.
Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón el deber sobre todo de agradecer a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe en su Pueblo.
En este momento mi ánimo se extiende para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años del ministerio petrino he podido recibir acerca de la fe en el Señor Jesucristo y de la caridad que está en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor y de la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria del Cielo.
Siento que he de llevar a todos en la oración, en un presente que es el de Dios, donde recojo todo encuentro, todo viaje, toda visita pastoral. Todo y a todos los recojo en la oración para confiarlos al Señor porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, y porque podemos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, dando fruto en toda obra buena (cfr Col 1,9-10).
En este momento, hay en mí una gran confianza, porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, donde esté la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.
Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tuve firme esta certeza que siempre me ha acompañado. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: "¿Señor, qué cosa me pides?" Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás.
Y el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cercano a mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.
Pero siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse; es Él quien la conduce ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por esto que hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha dejado nunca que le falte a la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz y su amor.
Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo siempre más en segundo plano. Quisiera invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, certeros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que permite caminar cada día también en la fatiga. Quisiera que cada uno se sintiese amado por aquel Dios que nos ha dado a su Hijo a nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites.
Quisiera que cada uno sintiese la alegría de ser cristiano. En una bella oración que se recita cotidianamente en la mañana se dice: "Te adoro Dios mío y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano…" Sí, estamos contentos por el don de la fe, ¡es el bien más precioso, que nadie nos puede quitar! Agradecemos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama, pero espera que también que nosotros lo amemos!
Pero no es solamente Dios a quien quiero agradecer en este momento. Un Papa no está solo en la guía de la Barca de Pedro, si bien es su primera responsabilidad, y yo no me he sentido solo nunca en llegar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha dado tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cercanas a mí.
Primero que nada a vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad han sido para mí preciosos; mis colaboradores; comenzando por mi Secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, como también todos aquellos que, en diversos sectores, prestan su servicio a la Santa Sede: son muchos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad han sido para mí un sostén seguro y confiable. ¡Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, mi diócesis!
No puedo olvidar a los hermanos en el Episcopado y en el presbiterado, las personas consagradas y todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he percibido una gran atención y un profundo afecto; pero también he querido a todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el corazón de Pastor, sobre todo de Obispo de Roma, de Sucesor del Apóstol Pedro. Cada día he tenido a cada uno de vosotros en mi oración, con corazón de padre.
Quisiera que mi saludo y mi agradecimiento alcanzase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y quisiera expresar mi gratitud al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente a la gran familia de las naciones. Aquí también pienso en todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y que agradezco por su importante servicio.
En este punto quisiera agradecer de corazón también a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad en la oración. Sí, el Papa nunca está solo, y ahora lo experimento nuevamente de un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y a tantísimas personas que se sienten cercanos a él.
Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo: de los Jefes de Estado, de los jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etcétera. Pero recibo también muchísimas cartas de personas sencillas que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto, que nace del estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa.
Aquí se puede tocar con la mano qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en el que tantos hablan de su declive.
En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad e incluso de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.
Aquí permítanme volver una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión estuvo en el hecho que desde aquel momento estaba siempre y para siempre ocupado en el Señor. Siempre quien asume el ministerio petrino no tiene más privacidad alguna. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia.
A su vida se le retira, por así decirlo, la dimensión privada. He podido experimentar y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la dona. Ya he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen afecto; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él.
El "siempre" es también un "para siempre": no se puede volver más a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado.
Ya no llevo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que en el servicio de la oración quedo, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, será un gran ejemplo de esto. Él ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.
Agradezco a todos y a cada uno también por el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con aquella dedicación al Señor y a su Esposa que he buscado vivir hasta ahora cada día y que quiero vivir siempre.
Les pido recordarme ante Dios, y sobre todo rezar por los cardenales llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.
Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a ella nos acogemos con profunda confianza.
¡Queridos amigos! Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la alegre certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, es cercano y nos rodea con su amor. ¡Gracias!

domingo, 24 de febrero de 2013

La Santa Misa nº 2

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona
En este día 24 de febrero a cuatro días de una fecha anunciada:
Es muy bueno ofrecer por el Santo Padre 
en estos días... 
LA SANTA MISA
A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán las Misas que durante tu vida oíste.
 Cada Misa que oíste te acompañará en el tribunal divino y abogará para que alcances perdón.
 Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en proporción con el fervor con que la oigas.
 Con la asistencia devota a la Santa Misa, rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor.
 La Santa Misa bien oída suple tus muchas negligencias y omisiones.
 
Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni siquiera te acuerdas.
Por ella pierde también el demonio dominio sobre ti.
Ofreces el mayor consuelo a las benditas ánimas del Purgatorio
Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales. 
Una Misa oída mientras vivas te aprovechará mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de la muerte. 
Te libras de muchos peligros y desgracias en los cuales quizás caerías sino fuera por la Santa Misa.
 Acuérdate también de que con ella acortas tu Purgatorio.
 Con cada Misa aumentarás tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del sacerdote, que Dios ratifica en el cielo.
 Al que oye Misa todos los días, Dios lo librará de una muerte trágica y el Angel de la guarda tendrá presentes los pasos que dé para ir a la Misa, y Dios se los premiará en su muerte.
Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia.
 
Cuando oímos misa en honor de algún Santo en particular, dando a Dios gracias por los favores concedidos a ese Santo, no podemos menos de granjearnos su protección y especial amor, por el honor, gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue. 
Todos los días que oigamos Misa, estaría bien que además de las otras intenciones, tuviéramos la de honrar al Santo del día. 
La Misa es el don más grande que se puede ofrecer al Señor por las almas, para sacarlas del purgatorio, librarlas de sus penas y llevarlas a gozar de la gloria. - San Bernardo de Sena.
 
El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas del Purgatorio, trabaja en su propio provecho. - San Agustín.
Por cada Misa celebrada u oídas con devoción, muchas almas salen del Purgatorio, y a las que allí quedan se les disminuyen las penas que padecen. - San Gregorio el Grande, Papa. 
Durante la celebración de la Misa, se suspenden las penas de las almas por quienes ruega y obra el sacerdote, y especialmente de aquellas por las que ofrece la Misa. -San Gregorio el Grande
Puedes ganar también Indulgencia Plenaria todos los lunes del año ofreciendo la santa Misa y Comunión en sufragio de las benditas almas del Purgatorio. Para los fieles que no pueden oír Misa el lunes vale que la oigan el domingo con esa intención. 
Se suplica que apliquen todas las indulgencias en sufragio de las Almas del Purgatorio, pues Dios nuestro Señor, y ellas le recompensaran esta caridad. 
La Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario, el Mayor acto de adoración a la Santísima Trinidad. Por eso es obligación oírla todos los domingos y fiestas de guardar.
 
La bendición de...
 La Misa, paso a paso: 
Liturgia de la Palabra y Liturgia Eucarística


La Misa cuenta con una preparación, llamada Ritos iniciales.
Tiene dos partes importantes: Liturgia de la Palabra y Liturgia Eucarística que constituyen un sólo acto de culto.
Concluye con los Ritos finales.
Esta conjunción entre la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística se daba ya en la Iglesia apostólica.


Ritos iniciales
Todo lo que precede a la Liturgia de la Palabra tiene el carácter de introducción.
Sirve para que los asistentes se dispongan a formar comunidad, y se dispongan a una celebración consciente y fructífera, oyendo atentamente la palabra de Dios y participando en la celebración de la Eucaristía.
Estos ritos son: el Canto de entrada, el Saludo, el Acto Penitencial, el Señor ten piedad, el Gloria (los domingos) y laOración Colecta.

Canto de entrada
¿Qué finalidad tiene?
Abrir la celebración, fomentar la unión entre los fieles reunidos y elevar sus corazones para la contemplación del misterio litúrgico del día.
¿Como se desarrolla?
El ministro entra en el templo y se dirige procesionalmente hacia el altar.
Esta procesión simboliza el camino que recorre la Iglesia peregrina hasta la Jerusalén celestial.
Cuando forma parte del cortejo un ministro que llevan la Cruz y otro, el Evangeliario, que lleva los Evangelios, se simboliza que Cristo, Redentor y Maestro nos llevará hasta el fin de ese camino.
¿Qué deben hacer los fieles?
Los fieles se ponen de pie para indicar su disponibilidad en la celebración que va a tener lugar.
¿Qué hace el sacerdote al llegar al altar?
Mientras el sacerdote se dirige hacia el altar tiene lugar el canto de entrada,que se introdujo en la liturgia romana en el siglo V.
Al llegar al altar, que simboliza a Cristo, se realizan:
- Inclinación profunda, que es un gesto de intenso respeto
- Beso del sacerdote al altar, en nombre de todo el pueblo reunido, que es representación de la Iglesia: es el beso de la Iglesia a su Esposo, que es Cristo. Si la misa es concelebrada, lo besan todos los concelebrantes.
- Incensación: (en algunos casos) es un símbolo de honor, de purificación y santificación

Saludo


El sacerdote, extendiendo las manos saluda al Pueblo: 
"El Señor esté con vosotros..."
¿Qué finalidad tiene este saludo?
Anunciar a la Asamblea congregada la presencia del Señor.
¿Cómo se desarrolla?
Al terminar el canto de entrada, el sacerdote y toda la comunidad hacen el gesto de señal de la Cruz, unida a la fórmula "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".
El gesto de la señal de la cruz recuerda que el sacrificio de Cristo es la fuente de toda santificación.
La fórmula es un acto de fe en la Trinidad y recuerda el Bautismo.
Luego el sacerdote y los fieles se intercambian un saludo, un diálogo.
El saludo manifiesta el misterio de la Presencia de Dios entre los que se han reunido en su nombre.
Acto Penitencial

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento: "Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados".
¿Para qué se hace?
El acto penitencial manifiesta el sentimiento que tiene la Iglesia de ser comunidad de pecadores.Sirve para valorar la realidad del pecado, crecer en espíritu de penitencia, y considerar la misericordia de Dios.
Este acto consta de tres partes:
- invitación a los fieles para que se examinen y reconozcan pecadores. Estemomento de silencio es importante y forma parte de este acto.
- petición de perdón, que se expresa con la oración "Yo confieso ante Dios todopoderoso" con el gesto de un golpe de pecho al decir: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. En el anterior rito eran tres golpes; ahora basta con uno.
- absolución, que no es sacramental, sino que expresa un deseo de perdón de Dios. El sacerdote implora: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Señor, ten piedad
¿Qué es?
Es un canto de súplica en la que los fieles aclaman al Señor y solicitan su misericordia.
Aunque es un canto, puede recitarse. En ese "ten piedad" se incluyen todos los hombres, con todas sus necesidades materiales y espirituales
Gloria
Se canta o se dice el himno: Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad...
¿Qué es?
Es un canto antiquísimo de aclamación y suplica. Se canta los domingos -fuera del tiempo de Adviento o Cuaresma- y en celebraciones solemnes o con asistencia especial del pueblo
Comienza con las palabras del ángel en Belén.
Sigue con una estrofa dirigida a Dios Padre, como Señor, Rey del Cielo y Omnipotente
Continúa con una segunda estrofa dirigida a Dios Hijo, al que se llama Señor, Cordero de Dios, Hijo del Padre: es decir, se resalta su señorío, su carácter redentor y su filiación natural divina.
Concluye con una glorificación a Cristo, al Espíritu Santo y al Padre.

Oración Colecta
¿Qué es?
Es una oración que el sacerdote dice con las manos juntas, introducida probablemente por san León Magno en el siglo V, que consta de cuatro partes:
1. Invitación a la oración.
2. Un momento de silencio, para la oración personal, abierta a intenciones universales.
3. Oración por parte del Sacerdote, dirigida a la Trinidad: Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo...
4. Conclusión, con una profesión de fe.
5. Aclamación y asentimiento por parte del pueblo, que contesta: Amén; es decir: Así se sea, que se haga así.


Liturgia de la Palabra
¿Qué significa la expresión "liturgia de la Palabra"?
En esta parte de la Misa escuchamos la “proclamación” de la Palabra de Dios.Cristo mismo es quien la realiza, ya que es Palabra de Dios encarnada, la única Palabra que resuena en el antiguo y en el Nuevo Testamento.
Se lee una selección de textos de la Sagrada Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
No es una evocación de palabras pronunciadas en el pasado: es una memoria que actualiza lo que se recuerda, haciéndola eficaz, en el momento de su proclamación, a aquellos a quienes se dirige.
¿De qué consta la Liturgia de la Palabra?
Consta de:
1. Lecturas
2. Cantos interleccionales: Salmo responsorial, Aleluya y Secuencias
3. Homilía
4. Credo
5. Oración de los fieles

1. Lecturas


¿Qué son?
Son lecturas variadas de la Sagrada Escritura, que se van haciendo en determinados periodos del año, de tal forma que el pueblo vaya conociendo las partes más significativas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
En ellas Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la redención y la salvación, y el mismo Cristo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles.
¿Cómo se leen?
El lector va al ambón y los fieles se sientan
No se dice "Primera lectura" o "Segunda lectura", sino que se leen directamente.
Terminan con la expresión: Es palabra de Dios. Esto no es una aclaración, sino una confesión de fe.
Todas estas lecturas, lo mismo que el salmo responsorial que viene a continuación, se hacen desde el ambón.
 Evangelio
Evangelio
El diácono o el sacerdote lee el Evangelio, que los fieles escuchan de pie

2. Cantos interleccionales

Son tres:
El salmo responsorial. Es una respuesta a la Palabra de Dios, relacionada con la primer lectura. Es un texto bíblico por el que Dios habla a su pueblo.
La Iglesia recuerda que sustituir ese salmo por cualquier canto sería empobrecer la Liturgia de la Palabra: "Sería antipedagógico transformar la Misa en un festival de canciones que nada tiene que ver con la acción litúrgica". Directorio, 41
Aleluya. Significa en hebreo: "alabad al Señor". Se canta siempre, salvo en Cuaresma
Secuencias: durante los siglo IX-XII llegó a haber más de cinco mil. Ahora se rezan cuatro. Son una continuación del Aleluya. En el Misal de Pablo VI: Victimae Paschali(octava de Pascua); Veni Creator Spiritus (Pentecostés); Lauda Sion (Corpus Christi) yStabat Mater (Virgen de los Dolores).
3. Homilía

¿Qué es la homilía?
Es una predicación del sacerdote o del diácono que comenta la Palabra de Dios dentro de la Liturgia, a partir, fundamentalmente, de las lecturas que se han escuchado.
Se debe pronunciar siempre los domingos y días festivos.
No es un discurso acerca de las ideas personales del que predica, sino una prolongación de la lectura bíblica.
Por eso, el que predica debe ser un oyente y un servidor humilde de la Palabra de Dios

¿Qué fin tiene?
Ayudar a los fieles, a los hermanos en la fe, a captar el mensaje que las lecturas transmitenhoy y ahora, ayudándoles en sus necesidades y alentándoles a responder a sus exigencias.
El lenguaje debe ser claro, sencillo, adaptado a los oyentes, encarnado en sus vidas.
¿Quién puede decir la homilía?
El Directorio (41) establece: "la homilía corresponde al sacerdote o diácono. En la celebración litúrgica no debe ser pronunciada por laicos.
Tampoco conviene que sea "compartida", como podría ser en grupos muy reducidos; el diálogo a veces puede ayudar, sobre todo en las Misas con niños: la homilía no se improvisa.
Hay otras oportunidades distintas de la Misa para "compartir el Evangelio" y aunque existe "una tendencia a valerse de la Misa para todo tipo de actividades pastorales, es bueno no olvidar que "cada cosa debe hacerse a su debido tiempo".
4. Credo
Creo en un solo Dios, Padre poderoso, Creador del Cielo y la tierra...
¿Qué es?
Es una profesión de fe que recita la comunidad. También se llama símbolo, que significa "señal por la que a uno se le reconoce". Al cristiano se le reconoce por la profesión de fe.
Fue introducida en la Liturgia a mediados del siglo VI en el Oriente bizantino. En Roma se incluyó en el siglo XI.
¿Por qué se reza de pie?
Porque estar de pie significa firmeza en la fe y un deseo de poner en práctica,con hechos, esa fe que se proclama.
5. Oración de los fieles

La Oración de los fieles también se llama Oración común, Oración o Plegaria universal
Consta de una introducción y de unas peticiones de carácter universal, y también local:
-por las necesidades de la Iglesia Universal,
-por las necesidades de la sociedad, por los gobernantes de las naciones, de las personas, por la salvación del mundo,
- por los que sufren cualquier necesidad,
-por la comunidad local.
Las peticiones pueden ser leídas por una o varias personas y han de estar preparadas y escritas. Pueden amoldarse a las diversas celebraciones: una boda, un funeral, etc.



Liturgia Eucarística
Es la parte más importante de la Misa. La Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística no son dos actos de culto distintos, sino dos momentos celebrativos de un único misterio.
La Iglesia ha estructurado la celebración de la Liturgia Eucarística a partir de las acciones que corresponden a las palabras y gestos del Señor en la Última Cena.
En la Última Cena Cristo instituyó el convite pascual, por medio del cual el Sacrificio de la Cruz se vuelve continuamente presente cuando el sacerdote, que representa a Cristo, realiza la acción que el mismo Señor cumplió y ordenó a sus discípulos que hicieran en su memoria.
  Presentación de las ofrendas

Primero se prepara el altar o mesa del Señor, colocando el Corporal, el Cáliz y el Misal en el altar.
Luego los fieles presentan en el Altar el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Las reciben el diácono o el sacerdote.
También pueden traer otras ofrendas, para fines caritativos o útiles para el sostenimietro del culto. Se colocan fuera de la mesa del Señor.
¿Qué tradición tiene la presentación de las ofrendas?
En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles llevaban de sus casas los dones que debían ser ofrecidos, y que eran presentados al sacerdote por un diácono.
¿Qué significado tiene este rito de las ofrendas?
- Tiene un significado bautismal, porque sólo pueden hacer ofrendas los bautizados en comunión con la Iglesia.
- Tiene un significado eucarístico, porque los dones se presentan para ser consagrados en el Cuerpo y la Sangre de Cristo
- Tiene un significado antropológico: ese ofrecimiento de los frutos más representativos del trabajo del hombre significa el ofrecimiento de cada fiel en concreto, de su vida, de su trabajo, de sus ilusiones.
-Tiene un significado social: no son ofrendas sólo individuales, sino de toda la Iglesia.
¿El pan y el vino se presentan juntos o por separado?
Se presentan por separado, siguiendo la tradición litúrgica. Lo contrario sería además empobrecer los signos.

A continuación el sacerdote toma entre sus manos la patena con la hostia y elevándola un poco, recita una plegaria de bendición. Hace los mismo con el cáliz.
Antes de presentar el vino se depositan en el cáliz unas gotas de agua. Es un rito antiquísimo, porque parece que así lo hizo Nuestro Señor.
¿Qué simboliza esta mezcla de agua y vino?
El agua simboliza a los fieles y el vino a Cristo. La mezcla de vino y agua simboliza la unión de nuestra naturaleza humana con la naturaleza divina de Cristo.
También simboliza el agua y la sangre que brotaron el costado de Cristo al ser traspasado con la lanza.


Oración privada del sacerdote

"Acepta Señor muestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde..."
A continuación viene la oración privada del sacerdote, y en ocasiones, la incesación de las ofrendas sobre el altar y del altar mismo, que es facultativa.
¿Qué simboliza la incensación?
Esa incesación de las ofrendas y del altar mismo simboliza que la oblación y la oración de la Iglesia suben a Dios como el incienso. Es una reverencia anticipada al Cuerpo y Sangre de Cristo, que pronto se harán presentes
¿Quiénes pueden ser incensados?
Pueden ser incensados también el sacerdote y el pueblo, después de la incensación del altar. En la fotografía, un diácono incensa al pueblo fiel, que está inmerso en la presentación de los dones colocados en el altar para el Sacrificio.

Lavatorio de manos
Ese rito expresa el deseo de purificación interior.
Además del gesto práctico de lavarse exteriormente las manos después de tocar las ofrendas o utilizar el incensario, simboliza el deseo espontáneo de purificarse el corazón antes de tocar las cosas sagradas, santas.
Mientras se lava las manos el sacerdote ora en silencio: “Límpiame Señor de mi iniquidad y lávame de mi pecado”. Es decir, que hace un acto de contrición y se prepara para celebrar más dignamente el Santo Sacrificio de la Misa.

Invitación a orar a la que responde el pueblo
El origen de este rito se remonta al siglo VIII.
A continuación, dirigiéndose a todos los fieles les dice unas palabras que son como el compendio de la Misa: Orad hermanos para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso

Todos contestan: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia

Oración sobre las ofrendas

Es una oración que se recita en voz alta, con las manos extendidas, y que cierra y condensa el sentido de esta primera parte de presentación de los dones
Esta oración prepara a la Asamblea para su participación en la gran oración eucarística.
La Iglesia ruega para que, unidos a la entrega de Cristo, los fieles ofrezcan su existencia entera a Dios Padre.


Oración Eucarística

La Oración Eucarística es el momento culminante de toda la celebración.
Es una plegaria de acción de gracias y santificación
El sacerdote invita a los fieles a levantar el corazón hacia Dios y a darle gracias a través de la oración que él, en nombre de toda la comunidad, va a dirigir al Padre por medio de Jesucristo.

 Prefacio
y demás oraciones
Hay distintas plegarias eucarísticas, que contienen estos elementos:
Prefacio
La Plegaria Eucarística se inicia con el Prefacio, que es un canto de acción de gracias a Dios, por todos sus beneficios.
Aclamación de todo el pueblo con el sacerdote
Se reza el Santo, Santo, Santo, que es una alabanza solemne a Dios.
Invocaciones o epíclesis
La Iglesia implora el poder divino para que los dones ofrecidos por los hombres queden consagrados y se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo
Conmemoración de los vivos
El sacerdote puede decir los nombres por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos unos monentos. Luego, con las manos extendidas, ruega por los reunidos en la Asamblea.
Conmemoración de los santos
Narración de la Institución y consagración
El centro de la Plegaria Eucarística lo ocupa la narración de la Institución y laConsagración.
Este es el momento de mayor recogimiento en el que el sacerdote recitando las palabras de Jesús en la Última Cena, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Anámmesis
Se recuerda la Pasión, Resurrección y Ascensión de Cristo
Oblación
La Iglesia ofrece al Padre en el Espíritu Santo la hostia inmaculada, con el deseo de que los fieles se ofrezcan también a sí mismos
Intercesiones
A continuación, el sacerdote, con los brazos abiertos, sigue dirigiéndose a Dios Padre pidiéndole por nuestras necesidades. Pide por la Iglesia y por todos sus miembros, tanto vivos como difuntos; pide por la paz y la unidad; etc.
Doxología o alabanza final
Dice: Por Cristo, con Él y en Él, a Tí Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Y todos responden Amén.
Durante la Plegaria Eucarística no se deben recitar oraciones o ejecutar cantos, tocar el órgano, etc. Al proclamar la Plegaria Eucarística el sacerdote debe pronunciar claramente el texto, faclitando su comprensión a los fieles. Lo que se recomienda es que el sacerdote cante el Prefacio, anámnesis, consagración y epíclesis, según las melodías aprobadas por la autoridad competente (Directorio, 85)


Rito de la Comunión

Padrenuestro
Comienza con la invitación para rezar el Padrenuestro.
Durante el Padre Nuestro todos los sacerdotes concelebrantes extienden las manos, como el celebrante principal.
Todos juntos, el sacerdote y la Asamblea, recitan esta oración que Cristo nos enseñó. Es la mejor manera de prepararse para recibir la Sagrada Comunión.

Rito de la paz
Sigue el Rito de la paz por el cual los fieles se expresan mutuamente la caridad. El sacerdote desea la verdadera paz a todos, invitando a la Asamblea a manifestar ese mismo sentimiento.
Ese gesto puede ser: darse la mano, inclinar la cabeza o un abrazo. Es un gesto de comunión, no de felicitación.
Debe ser un gesto verdadero. No hay ninguna fórmula. La paz que se desea ha de entenderse en el sentido bíblico-teológico: compendio de todo bien, fruto del Espíritu Santo qie lleba a los fieles al amor a Dios y a los hermanos.
Fracción del pan
El sacerdote toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y deja caer una parte del mismo en el cáliz, diciendo en secreto: El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimentos de vida eterna.
Comunión
El sacerdote hace una genuflexión , toma el pan consagrado y sosteniéndolo sobre la patena, lo muestra al pueblo diciendo: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
A Jesús se le llama Cordero a semejanza de los corderos que se sacrificaban en el Templo, pero con una gran diferencia: los corderos del Templo no quitaban el pecado del mundo, en cambio el “Cordero de Dios” quita el pecado del mundo.
Antes de comulgar decimos el “Señor no soy digno...” usando las palabras del centurión de Cafarnaún cuando se reconocía indigno de recibir a Jesús en su casa.



La comunión

El sacerdote comulga y, a continuación, lo hacen aquellos fieles -es decir, sólo pueden comulgar los fieles bautizados- que se saben con las debidas disposiciones. Se han examinado y han reconocido que están en gracia de Dios (que no tienen ningún pecado mortal sin confesar).
La Iglesia nos recuerda que “los que van a recibir el sacramento no lo hagan sin estar durante una hora en ayunas de alimentos sólidos y bebidas, exceptuando el agua” (Ritual).
La comunión es un don que el Señor ofrece a los fieles por medio de un ministro autorizado. Se imita el gesto del Señor: "se lo dio, diciendo, tomad...".
Por esa razón, la Iglesia no admite que los fieles tomen por sí mismos el pan consagrado y el cáliz sagrado; ni que se lo pasen de uno a otro. Ese autoservicio sería, además, una manifestación de clericalismo, porque se obligaría a todos a comulgar en la mano y la Iglesia respeta la sensibilidad de cada uno. Unos pueden comulgar en la boca y otros en la mano.
Se concluye esta parte con la Oración después de la Comunión.
¿Cómo vivir bien el ayuno eucarístico?
La Iglesia enseña que quienes van a comulgar, fuera o dentro de la Misa, han de observar el ayuno de todo alimento líquido o sólido durante una hora, excepto cuando se trate de agua o medicamentos.
¿Y los ancianos y enfermos?
Los ancianos y enfermos, así como los que cuidan de ellos, pueden recibir la Sagrada Comunión aunque no hayan guardado el ayuno durante una hora.
Código de Derecho Canónico, 919.


Rito de conclusión
Tiene dos partes:
El saludo y la Bendición final:
El Señor esté con vosotros -Y con tu espíritu
La Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros- Amén
Se pide la ayuda de Dios para todos los que han tomado parte en la Eucaristía, para que Dios les ayude en su vida diaria.
El Amén del pueblo expresa la confianza en la misericordia de Dios

La despedida.
Hay dos despedidas:
la despedida de los fieles, con una frase sencilla: podéis ir en paz
la despedida del altar, símbolo de Cristo. El celebrante principal lo venera mediante un beso, como al principio. Es una expresión de amor y veneración de toda la Iglesia a Cristo.
La fórmula Podeís ir en paz indica que se trata de una misión.



Si pausadamente releéis este trabajo, tendéis un mejor conocimiento de la Santa Misa y de su identidad con el Sacrificio de la Cruz. Quienes aman el sacrificio de la Misa, se esfuerzan por asistir no solo el Domingo, el Día del Señor por excelencia, sino que incluso diariamente participan  devotamente en la Sagrada Eucaristía, con el consiguiente bien para sus almas.. Franja

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