Blog Católico de Javier Olivares-Baiona
Evangelio de hoy
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Día litúrgico: Lunes XXIX del tiempo
ordinario
19-10-2015
Texto
del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo:
«Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió:
«¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les
dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida
de uno no está asegurada por sus bienes».
Les
dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y
pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi
cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré
otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma:
Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe,
banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma;
las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas
para sí, y no se enriquece en orden a Dios».
Fray
Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet
(Santa
Maria de Poblet, Tarragona, España)
«La vida de uno no está asegurada por sus bienes»
Hoy,
el Evangelio, si no nos tapamos los oídos y no cerramos los ojos, causará en
nosotros una gran conmoción por su claridad: «Mirad y guardaos de toda codicia,
porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes»
(Lc 12,15). ¿Qué es lo que asegura la vida del hombre?
Sabemos
muy bien en qué está asegurada la vida de Jesús, porque Él mismo nos lo ha
dicho: «El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo
poder» (Jn 5,26). Sabemos que la vida de Jesús no solamente procede del Padre,
sino que consiste en hacer su voluntad, ya que éste es su alimento, y la
voluntad del Padre equivale a realizar su gran obra de salvación entre los hombres,
dando la vida por sus amigos, signo del más excelso amor. La vida de Jesús es,
pues, una vida recibida totalmente del Padre y entregada totalmente al mismo
Padre y, por amor al Padre, a los hombres. La vida humana, ¿podrá ser entonces
suficiente en sí misma? ¿Podrá negarse que nuestra vida es un don, que la hemos
recibido y que, solamente por eso, ya debemos dar gracias? «Que nadie crea que
es dueño de su propia vida» (San Jerónimo).
Siguiendo
esta lógica, sólo falta preguntarnos: ¿Qué sentido puede tener nuestra vida si
se encierra en sí misma, si halla su agrado al decirse: «Alma, tienes muchos
bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea» (Lc
12,19)? Si la vida de Jesús es un don recibido y entregado siempre en el amor, nuestra
vida —que no podemos negar haber recibido— debe convertirse, siguiendo a la de
Jesús, en una donación total a Dios y a los hermanos, porque «quien vive
preocupado por su vida, la perderá» (Jn 12,25).a, tienes muchos bienes en
reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea» (Lc 12,19)? Si la
vida de Jesús es un don recibido y entregado siempre en el amor, nuestra vida
—que no podemos negar haber recibido— debe convertirse, siguiendo a la de
Jesús, en una donación total a Dios y a los hermanos, porque «quien vive
preocupado por su vida, la perderá» (Jn 12,25).
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