lunes, 6 de febrero de 2017

SANTOS DEL 6 Al 12 FEBRERO 2017

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona

SANTOS DEL 6 Al 12 FEBRERO 2017

V  SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SANTOS DE LA SEMANA

LUNES, 6


Santos Pablo Miki y veinticinco compañeros
► Mártires de Japón ◄
Pablo Miki nació en Japón el año 1566 de una familia pudiente; fue educado  por los jesuitas en Azuchi y Takatsuki. Entró en la Compañía de Jesús y predicó  el evangelio entre sus conciudadanos con gran fruto.
En Nagasaki, ciudad de Japón. Allí, declarada una persecución contra los cristianos, fueron apresados, duramente maltratados y, finalmente, condenados a muerte ocho presbíteros o religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús y de la Orden de los Hermanos Menores, procedentes de Europa o nacidos en Japón, junto con diecisiete laicos. Todos ellos, incluso los adolescentes, por ser cristianos fueron clavados cruelmente en cruces, mas manifestaron su alegría al haber merecido morir como murió Cristo. Sus nombres son: Juan de Goto Soan, Jacobo Kisai, religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús; Pedro Bautista Blásquez, Martín de la Ascensión Aguirre, Francisco Blanco, Felipe de Jesús de Las Casas, Gonzalo García, Francisco de San Miguel de la Parilla, presbíteros de la Orden de Hermanos Menores; León Karasuma, Pedro Sukeiro, Cosme Takeya, Pablo Ibaraki, Tomás Dangi, Pablo Suzuki, catequistas; Luis Ibaraki, Antonio, Miguel Kozaki y su hijo Tomás, Buenaventura, Gabriel, Juan Kinuya, Matías, Francisco de Meako, Ioaquim Sakakibara y Francisco Adaucto, neófitos.
ORACIÓN
Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz, concédenos, por su intercesión, mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

MARTES, 7


Santa Coleta Boylet
Nació en Corbie (al norte de Francia) en 1381. Sus padres, ya mayores, la llamaron Nicolette o Colette, agradeciendo a san Nicolás el haberla tenido. Huérfana de padre y madre a los 18 años, distribuyó sus bienes entre los pobres y emprendió una variada experiencia religiosa que pasó por vestir el hábito de la Tercera Orden y llevar vida eremítica, hasta profesar en las clarisas. Desde su profunda vida de pobreza y oración, se sintió llamada a renovar su Orden, a la que quiso devolver el espíritu y la observancia que le diera santa Clara en su Regla. Con autorización pontificia, reformó unos monasterios y fundó otros nuevos, para los que redactó unas Constituciones, aprobadas por la Iglesia. Aún en la actualidad son numerosos los monasterios de "Coletinas", que se inspiran en Clara y en Coleta. Su impulso renovador benefició también mucho a los franciscanos. Murió en Gante (Bélgica) el 6 de marzo de 1447.

ORACIÓN
Señor, Dios nuestro, que has elegido a santa Coleta como modelo de vírgenes en el seguimiento de los consejos evangélicos, que ella impulsó con su ejemplo y doctrina, y avanzar seguros por ese camino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

MIÉRCOLES, 8


San Jerónimo Emiliani
Nació en Venecia el año 1486, de una familia de vieja solera militar y senatorial. De joven emprendió la carrera de las armas, y llevó una vida licenciosa y violenta. Arrojado a la cárcel por sus enemigos, maduró su vocación y se convirtió al Señor. Después de distribuir sus bienes entre los pobres, se consagró al servicio de todos los miserables, los enfermos, los jóvenes y niños abandonados, y al rescate de las prostitutas. Padre y protector de los huérfanos, para los que abrió escuelas gratuitas, fundó para su atención la Orden de los Clérigos Regulares de Somasca. Murió en Somasca (Bérgamo) el año 1537 a consecuencia de la peste que le contagiaron los enfermos a quienes atendía.

ORACIÓN
Señor, Dios de las misericordias, que hiciste a san Jerónimo Emiliani padre y protector de los huérfanos, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer siempre fieles al espíritu de adopción que nos hace verdaderamente hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

* * *   EL MISMO DÍA   * * *


Santa Josefina Bakhita
Nació en Sudán entre 1869 y 1872, en la tribu de los Dagiú. Siendo todavía niña, los negreros la raptaron y vendieron cinco veces en los mercados de esclavos. El miedo que experimentó en el rapto le provocó una amnesia que le hizo olvidar incluso su nombre. Bakhita es el nombre que le dieron los secuestradores; Josefina, el que recibió en el bautismo. Experimentó las humillaciones y los sufrimientos físicos y morales de la esclavitud, pasando de mano en mano por varios dueños. En Jartum la compró un cónsul italiano, que se la llevó a Génova y se la cedió a unos amigos. Estos, en 1888, la confiaron a las religiosas canosianas de Venecia. Se fue acercando al catolicismo, en 1890 recibió el bautismo y en 1893 entró en el noviciado de las Hijas de la Caridad Canosianas. Por deseo de sus superioras, escribió sus memorias personales. Durante muchos años se dedicó a diversos trabajos domésticos en la casa de Schio (Vicenza, Italia), hasta que una artritis deformante la dejó postrada en una silla de ruedas. Murió en Schio el 8 de febrero de 1947. (Nota curiosa) Juan Pablo II la beatificó con Josemaría Escrivá de Balaguer el 17 de mayo de 1992. y la canonizó el año 2000 dos años antes de la canonización de San Josemaría que tuvo lugar el 6 de octubre del 2002.

ORACIÓN
Oh Dios, que de la humillante esclavitud condujiste a santa Josefina a la dignidad de hija tuya y esposa de Cristo, te rogamos nos concedas que, imitando su ejemplo, sigamos con amor firme a Cristo crucificado y, movidos a misericordia, perseveremos en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

JUEVES, 9


San Miguel Febres Cordero
Nació el año 1854 en Cuenca (Ecuador). Ingresó en la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1868. Desarrolló un largo e intenso apostolado como maestro, escritor y sobre todo catequista; nada le impedía la asiduidad a la oración ni el fomento de su devoción a la Virgen. Publicó muchas obras y tradujo numerosos textos didácticos. En 1892 ingresó en la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En 1907 pasó a la casa general en Bélgica, pero pronto, por motivos de salud, se trasladó a Premiá de Mar, cerca de Barcelona (España), donde falleció el 9 de febrero de 1910.

ORACIÓN
Dios nuestro, que llamaste a tu servidor san Miguel Febres Cordero para vivir en el seguimiento de Cristo, concédenos, por su intercesión, que apartándonos de todo egoísmo podamos unirnos a ti de todo corazón.

El mismo día 9 de febrero



BIOGRAFÍA DE SANTA APOLONIA

Virgen y Martir católica, 
 Patrona de la Odontología y los Dentistas

Dr. Jaime Otero M. - Dr. Jaime Otero I.
Odontomarketing

Santa Apolonia nace en Alejandría (Egipto) en una familia de la clase alta, alrededor del año 200 de nuestra era. Según se sabe, sus padres eran paganos y justamente por ello, la nombraron Apolonia en honor al Dios Apolo.

Tuvo la oportunidad de recibir una excelente y elitista educación y de asistir regularmente a la Biblioteca de Alejandría, uno de los centros de aprendizaje más importantes del mundo antiguo. Esto resultaba muy poco común en su época para una mujer y en general, para la mayoría de sus conciudadanos. Pero ella gozó de dicho privilegio, debido a que su padre era un alto magistrado y a que ella presentaba una gran capacidad intelectual.

A los 16 años, Apolonia fue bautizada al cristianismo y desde entonces dedicó su vida a predicar las enseñanzas bíblicas. Esta fue una ardua tarea, ya que vivía en una sociedad politeísta en la que no siempre se tenía tolerencia al cristianismo. Sin embargo, debido al poder de su padre -Lectus- como Prefecto de Alejandría, tenía ciertas conseciones.



VIERNES, 10


Santa Escolástica
Lo poco que sabemos de su vida es lo que nos refiere san Gregorio Magno en el libro II de sus Diálogos. Hermana de san Benito, nació de padres aristócratas en Nursia (Italia) hacia el año 480. Desde su infancia, siguiendo las costumbres de entonces, había sido consagrada a Dios y seguramente confiada por sus padres a un monasterio o grupo de vírgenes para ser educada por ellas y vivir luego como ellas. Acostumbraba visitar a su hermano una vez al año y juntos dedicaban la jornada entera a la alabanza de Dios y a coloquios espirituales. Como norma de vida anteponía la caridad y la contemplación pura a las reglas e instituciones humanas, y así lo puso de manifiesto en el último encuentro con su hermano, cuando la fuerza de su oración "pudo más, porque amaba más". Murió hacia el año 547, poco antes que él, y fue enterrada en Monte Casino, en el sepulcro que Benito tenía preparado para sí mismo.

ORACIÓN
Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SÁBADO, 11


Nuestra Señora de Lourdes
► Jornada Mundial del Enfermo ◄
En 1858, a partir del 11 de febrero, la Virgen María se apareció hasta dieciocho veces a Bernardita o María Bernarda Soubirous en los Pirineos, cerca de Lourdes (Francia), dentro de la gruta de Massabielle, junto al río Gave, y le dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción», confirmando así el dogma mariano que había declarado solemnemente el papa beato Pío IX cuatro años antes, en 1854. Por medio de santa Bernardita (cf. 16 de abril), humilde jovencita entonces, María Inmaculada llamaba a los pecadores a la conversión, suscitando un gran celo de oración y amor, principalmente como servicio a los enfermos y pobres.

ORACIÓN
Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

DOMINGO 12
VI del Tiempo Ordinario


San Modesto
Este santo es especialmente reconocido por la Iglesia Católica ya que restauró los templos de los Santos Lugares en Jerusalén, después del terrible destrozo que hicieron allí los persas.
En el año 600 el rey persa Cosroes, pagano y enemigo de la religión católica invadió Tierra Santa en Palestina, y ayudado por los judíos y samaritanos fue destruyendo y quemando sistemáticamente todo lo católico: templos, casas religiosas, altares, etc. Mandó matar a millares de cristianos en Jerusalén, a muchos otros los vendió como esclavos y, a otros, los desterró sin piedad. Uno de ellos fue el Arzobispo de Jerusalén, San Zacarías, y fue San Modesto, superior de uno de los conventos de Tierra Santa al que Dios llamaría para reconstruir los templos. Heráclito, el nuevo gobernante, logró alejar a los persas de la ciudad, situación que el santo aprovechó para comenzar el proyecto de reconstrucción, para lo que contó con la ayuda de sus monjes a recoger.
Lo primero que reconstruyó fue el templo del Santo Sepulcro, y luego el de Getsemaní o el Huerto de los Olivos y la Casa de la Última Cena, o Cenáculo.
El Arzobispo Zacarías había muerto en el destierro, y el emperador Heráclito nombró como sucesor de éste a San Modesto. Lo nombró Patriarca Arzobispo de Jerusalén, siendo una elección muy oportuna, porque entonces sí tuvo facilidad para dedicarse a reconstruir los centenares de templos y demás lugares santos destruidos por los bárbaros. Modesto continuó incansable su labor de reconstruir templos, conseguir contribuciones e inspeccionar los trabajos en los diversos sitios.
ORACIÓN
Dios todopoderoso, concédenos venerar la memoria del arzobispo san Modesto, y así como él sirvió a su pueblo con la palabra y el ejemplo, también nosotros podamos experimentar la ayuda de su intercesión.


Confeccionado por Franja y Állen-Perkins

jueves, 2 de febrero de 2017

Bendición del pan.

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona


Bendición del pan
Salmo 22 (1-3): El Señor es mi Pastor.
Ev. de san Juan 6, 1-15 o de san Mateo 4, 1-4.
C. Nuestra ayuda está en el Nombre del Señor.
P. Que hizo el cielo y la tierra.
C. El Señor esté con vosotros.
P. y con tu espíritu.
C. Oremos


Señor Jesucristo, pan de los Ángeles, pan vivo de vida eterna, dígnate bendecir + este pan, así como bendijiste cinco panes en el desierto; para que cuantos gustaren de él, perciban la salud del cuerpo y del alma.
Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
P. Amén.

Te rogamos, Señor, quieras bendecir + este pan, para que sea salud del alma y del cuerpo y defensa contra todas las enfermedades y asechanzas del enemigo para cuantos lo temen.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, pan vivo bajado del cielo, que da vida y salud al mundo y contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

P. Amén.
El celebrante hace la aspersión con agua bendita.
Se recita el Padre nuestro.

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                       La fe en casa: La Bendición de la mesa

Bendecir la mesa, una costumbre que ayuda a que vuestros hijos vivan en un ambiente cristiano.
Por: Jorge Peñacoba | Fuente: http://www.sontushijos.org
La Bendición de la mesa es una costumbre antiquísima entre los cristianos; y, antes, entre nuestros hermanos mayores, los judíos. En los relatos evangélicos se puede observar como el propio Jesús, nuestro Señor, lo hacía. No sólo en la última cena, sino que, por ejemplo, antes de multiplicar los panes, bendice al Padre, pronuncia la bendición de agradecimiento… Lo mismo hacen los discípulos, como se puede apreciar en el libro de Los Hechos de los Apóstoles y otros del Nuevo Testamento.

¿Qué significa bendecir algo o a alguien?

Bendición, bendecir, es un término de raíz latina que significa decir bien, decir algo bueno sobre algo o alguien; desearle un bien (como maldecir es desearle un mal, cargar sobre él una mala palabra y el mal deseo que conlleva. También la lengua griega, en la que fue escrito el Nuevo Testamento tiene una palabra que significa lo mismo: eu-logein

La Sagrada Escritura está transida de la alegría por las bendiciones de Dios, y exhorta muy a menudo a bendecir a su vez al Autor de todo nuestro bien: ‘Bendecid al Señor sus Ángeles todos, bendecidle, hijos de los hombres: todo ser que alienta bendiga al Señor...’, dice el Cántico de los Tres Jóvenes.

Una de las Cartas de san Pablo comienza con esta explosión de alegría: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la creación del mundo, para ser santos e sin mancha en su presencia por el amor” (Ep. a los Efesios, cap. 1)

En realidad es Dios quien nos bendice con su Amor. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘Bendecir es una acción divina que da la vida y cuya fuente es el Padre. Su bendición es a la vez palabra y don ("bene-dictio", "eu-logia")… Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición.

‘Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo’ (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1671).

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La Bendición de la mesa o los alimentos

La bendición de la mesa es una acción de gracias y una sencilla petición, que sigue la estela del Padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó, donde pedimos: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’, recordando así la procedencia de esos y de todos los bienes -vienen de Dios- que nos deleitan y nos alimentan, y que son completamente necesarios para el hombre.

Al recordar que vienen de Dios y son para todos, nos alienta a hacer de nuestra parte todo lo que podamos para que a nadie le falten, empezando por la personal moderación en su uso; moderación que debe ser sincera y alegre, y que es señal de que no ponemos en la acumulación y goce de esos bienes fungibles la clave de nuestra felicidad.

Hay algunas fórmulas de bendición muy ricas de contenido, otras muy sencillas (‘Benedictus benedicat’: ‘que el Bendito nos bendiga’, por ejemplo) o incluso un tanto infantiles (‘El Niño Jesús que nació en Belén bendiga estos alimentos y a nosotros también’). … Todas pueden ayudar, según las circunstancias y la costumbre de la familia de que se trate… aunque tal vez habría que prescindir de las que tengan un tono demasiado jocoso o incompatible con la idea de oración.

Lo mismo cabe decir acerca de a quién corresponde en la casa hacer la bendición. En muchas familias es costumbre que lo haga la madre, que tal vez es la que los ha preparado y a la que todos miran esperando (y agradeciendo) que cuide de todos de ese modo tan maravilloso. O el padre, como cabeza de familia. No faltan hogares en que de buena gana se le pide al más pequeño que dirija la bendición, como signo del respeto y cariño a los niños que Jesús enseñó; o que la hacen por turno los hijos… Lo importante en cualquier caso es que es una oración familiar, un detalle que hace brillar el carácter cristiano de aquel hogar.

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Algunas sugerencias prácticas

Es frecuente en la actualidad que los miembros de la familia coman a distintas horas o en distintos sitios, o que la cena sea poco más que un asunto que cada uno se despacha por su cuenta… Pero siempre hay algunas comidas especiales; tal vez el domingo, o la comida en casa de la abuela… Se le puede dar un valor especial precisamente con la bendición.

También es buena cosa enseñar a bendecir incluso cuando uno come sólo. De ese modo se adquiere el hábito de vivir en presencia de Dios con sencillez a lo largo del día, y no sólo, por ejemplo, en el templo
Hay quien, para fomentar la costumbre entre los más pequeños, escribe en un papel la fórmula, de un modo más o menos artístico, y lo pone en un imán de la nevera, o en una cartelita para que pueda leerlo en voz clara aquel que le toca ese día…

Os adjuntamos algunas fórmulas. La primera es la que se recoge en los bendicionales de la Iglesia. Que lo disfrutéis.

Fórmulas para la bendición de la mesa

Bendición
V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar.
R. Amén.
V. El Rey de la gloria eterna nos haga partícipes de la mesa celestial.
R. Amén.

Acción de gracias
V. Te damos gracias por todos tus beneficios, omnipotente Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
V. El Señor nos dé su paz.
R. Y la vida eterna. Amén.

Hay otras muchas fórmulas. Se adjuntan algunas, tanto de bendición antes de comer como de acción de gracias al terminar.

BENDICIÓN AL COMENZAR

1. En el nombre del Padre...
Bendícenos, Señor, y bendice los alimentos que vamos a tomar para mantenernos en tu santo servicio. Amén.
2. Bendícenos, Señor, y bendice nuestros alimentos. Bendice también a quienes nos los han preparado, y da pan a los que no lo tienen.
3. Bendice, Señor, a cuantos hoy comemos este pan Bendice a quienes lo hicieron y haz que juntos lo comamos en la mesa celestial.
4. Porque me das de comer, muchas gracias, Señor. Sé que hay muchos hombres que hoy no comerán... Danos a todos el pan de cada día.

ACCIÓN DE GRACIAS AL TERMINAR

1. Te damos gracias, Señor, por el alimento que nos has dado; haced que de él nos sirvamos siempre para nuestro bien.
2. Gracias por todos tus dones. Que el Rey de la eterna gloria nos haga partícipes de la mesa celestial. Amén.
3. Gracias, Señor, porque, de nuevo, hemos podido alimentarnos con los dones que Tú generosamente nos das. Señor, que no haya más hambre en el mundo.
4. Te agradezco, Señor, esta alegría de la mesa: el alimento y la compañía de los míos. Bendice siempre a esta familia y a quienes no tienen ni hogar ni pan.



Evangelio de hoy. 2 de Febrero:.La Presentación del Señor,

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Día litúrgico: 2 de Febrero:
 La Presentación del Señor

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Texto del Evangelio (Lc 2,22-40): Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.


Comentario del
Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés
(Tarragona, España)

«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación»

Hoy, aguantando el frío del invierno, Simeón aguarda la llegada del Mesías. Hace quinientos años, cuando se comenzaba a levantar el Templo, hubo una penuria tan grande que los constructores se desanimaron. Fue entonces cuando Ageo profetizó: «La gloria de este templo será más grande que la del anterior, dice el Señor del universo, y en este lugar yo daré la paz» (Ag 2,9); y añadió que «los tesoros más preciados de todas las naciones vendrán aquí» (Ag 2,7). Frase que admite diversos significados: «el más preciado», dirán algunos, «el deseado de todas las naciones», afirmará san Jerónimo.

A Simeón «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor» (Lc 2,26), y hoy, «movido por el Espíritu», ha subido al Templo. Él no es levita, ni escriba, ni doctor de la Ley, tan sólo es un hombre «justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel» (Lc 2,25). Pero el Espíritu sopla allí donde quiere (cf. Jn 3,8).
Ahora comprueba con extrañeza que no se ha hecho ningún preparativo, no se ven banderas, ni guirnaldas, ni escudos en ningún sitio. José y María cruzan la explanada llevando el Niño en brazos. «¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!» (Sal 24,7), clama el salmista.

Simeón se avanza a saludar a la Madre con los brazos extendidos, recibe al Niño y bendice a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,29-32).

Después dice a María: «¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!» (Lc 2,35). ¡Madre!, —le digo— cuando llegue el momento de ir a la casa del Padre, llévame en brazos como a Jesús, que también yo soy hijo tuyo y niño.

sábado, 28 de enero de 2017

Evangelio de hoy Domingo IV (A) del T.O. 29-01-2017,

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Día litúrgico: Domingo IV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


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Comentario del 
Rev. D. Pablo CASAS Aljama
(Sevilla, España)

«Bienaventurados los pobres de espíritu...»


Hoy leemos este Evangelio tan conocido para todos nosotros, pero siempre tan sorprendente. Con este fragmento de las bienaventuranzas, Jesús nos ofrece un modelo de vida, unos valores, que según Él son los que nos pueden hacer felices de verdad.

La felicidad, seguramente, es la meta principal que todos buscamos en la vida. Y si preguntásemos a la gente cómo buscan ser felices, o dónde buscan su propia felicidad, nos encontraríamos con respuestas muy distintas. Algunos nos dirían que en una vida de familia bien fundamentada; otros que en tener salud y trabajo; otros, que en gozar de la amistad y del ocio..., y los más influidos quizá por esta sociedad tan consumista, nos dirían que en tener dinero, en poder comprar el mayor número posible de cosas y, sobre todo, en lograr ascender a niveles sociales más altos.

Estas bienaventuranzas que nos propone Jesús no son, precisamente, las que nos ofrece nuestro mundo de hoy. El Señor nos dice que serán «bienaventurados» los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos por causa de la justicia... (cf. Mt 5,3-11).

Este mensaje del Señor es para los que quieren vivir unas actitudes de desprendimiento, de humildad, de deseo de justicia, de preocupación e interés por los problemas del prójimo, y todo lo demás lo dejan en un segundo término.

¡Cuánto bien podemos hacer rezando, o practicando alguna corrección fraterna, cuando nos critiquen por creer en Dios y por pertenecer a la Iglesia! Nos lo dice claramente Jesús en su última bienaventuranza: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa» (Mt 5,11).

San Basilio nos dice que «no se debe tener al rico por dichoso sólo por sus riquezas; ni al poderoso por su autoridad y dignidad; ni al fuerte por la salud de su cuerpo... Todas estas cosas son instrumentos de la virtud para los que las usan rectamente; pero ellas, en sí mismas, no contienen la felicidad».

http://evangeli.net/evangelio/manana


SER CRISTIANO NO ES
GUARDAR LA ESTÉTICA 
 Por Javier Leoz

1.- En los domingos pasados contemplábamos todavía las imágenes de la Navidad; un niño que nacía en medio de pañales, adorado por pastores, reverenciado por reyes y bautizado –como punto de salida- en el Jordán.

Los cristianos, cuando nos reunimos los domingos en el nombre del Señor, es porque queremos conocer y llevar a la práctica el programa de Jesús. No lo hacemos ni porque seamos buenos (tampoco tan malos) ni mucho menos porque seamos santos (aunque Dios nos llama a la perfección). Miremos un poco el círculo del cual se rodeó Jesús y, posiblemente, caeremos en la cuenta que no precisamente fueron gente aparentemente extraordinaria y de una sensibilidad espiritual exquisita. Eso sí, luego el trato con el Maestro, cambió y mucho las cosas en ellos.

2.- El mensaje de las bienaventuranzas supone no quedarnos delante del monitor de la fe absortos, perdidos en las escenas o como meros espectadores en el patio de butacas en el que, muchas veces, se convierte los bancos de nuestras iglesias. Cada domingo, al sintonizar con el programa de Jesús, intentamos asumir unos valores que a las claras nos presenta en las bienaventuranzas.

Ahora, cuando vemos cómo Jesús crece, que ya no llora, sino que habla y se sienta enseñando como un Maestro comprendemos que esto va en serio. Que la vida de un cristiano no queda reducida a un figurar como acompañantes de Jesús (ni tan siquiera imitadores) sino conscientes de lo que dice y de los efectos que produce el “pertenecer” a esa gran audiencia del programa de Jesús. La estética, en el mundo de la fe, nunca puede estar por encima de la esencia, el contenido o la identidad de un cristiano.

3 .La gran bienaventuranza que Jesús nos desea es precisamente el ser felices siguiendo estos puntos que, en más de una ocasión, acarrean incomprensión, crucifixión y soledad.

No resulta cómodo salir a la gran pantalla del mundo proponiendo recetas que resultan incomprensibles, chocantes y amenazantes a una realidad acostumbrada a la dureza y a la soberbia, a la violencia o a la apatía general.

Puede ser, que para más de uno, lo que para nosotros sea una bienaventuranza sea todo lo contrario.


Por lo menos, y hoy más que nunca, intentaremos con la “contraprogramación evangélica” ofrecer un poco de originalidad y de salvación a muchas personas que lloran, sufren, son perseguidas por sus nobles ideas, pregonan la paz según Dios o simplemente van en otra dirección muy distinta a los que intentan programar la vida de los demás con el “todo vale y todo cuela”.

viernes, 27 de enero de 2017

Evangelio de hoy. Sábado III del tiempo ordinario. 28-01-2017,

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona

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Evangelio de hoy
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Día litúrgico:
Sábado III del tiempo ordinario
Santoral 28 de Enero:


Santo Tomás de Aquino, 
presbítero y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Mc 4,35-41): Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?». Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?».

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Comentario por el
Rev. D. Joaquim FLURIACH i Domínguez
(St. Esteve de P., Barcelona, España)

«¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
Hoy, el Señor riñe a los discípulos por su falta de fe: «¿Cómo no tenéis fe?» (Mc 4,40). Jesucristo ya había dado suficientes muestras de ser el Enviado y todavía no creen. No se dan cuenta de que, teniendo con ellos al mismo Señor, nada han de temer. Jesús hace un paralelismo claro entre “fe” y “valentía”.

En otro lugar del Evangelio, ante una situación en la que los Apóstoles dudan, se dice que todavía no podían creer porque no habían recibido el Espíritu Santo. Mucha paciencia le será necesaria al Señor para continuar enseñando a los primeros aquello que ellos mismos nos mostrarán después, y de lo que serán firmes y valientes testigos.

Estaría muy bien que nosotros también nos sintiéramos “reñidos”. ¡Con más motivo aun!: hemos recibido el Espíritu Santo que nos hace capaces de entender cómo realmente el Señor está con nosotros en el camino de la vida, si de verdad buscamos hacer siempre la voluntad del Padre. Objetivamente, no tenemos ningún motivo para la cobardía. Él es el único Señor del Universo, porque «hasta el viento y el mar le obedecen» (Mc 4,41), como afirman admirados los discípulos.

Entonces, ¿qué es lo que me da miedo? ¿Son motivos tan graves como para poner en entredicho el poder infinitamente grande como es el del Amor que el Señor nos tiene? Ésta es la pregunta que nuestros hermanos mártires supieron responder, no ya con palabras, sino con su propia vida. Como tantos hermanos nuestros que, con la gracia de Dios, cada día hacen de cada contradicción un paso más en el crecimiento de la fe y de la esperanza. Nosotros, ¿por qué no? ¿Es que no sentimos dentro de nosotros el deseo de amar al Señor con todo el pensamiento, con todas las fuerzas, con toda el alma?

Uno de los grandes ejemplos de valentía y de fe, lo tenemos en María, Auxilio de los cristianos, Reina de los confesores. Al pie de la Cruz supo mantener en pie la luz de la fe... ¡que se hizo resplandeciente en el día de la Resurrección!

Evangelio de hoy Viernes III del tiempo ordinario 27-01-2017

Blog Católico de Javier Olivares-Baiona

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Día litúrgico:
 Viernes III del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.


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Comentario del
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells
(Salt, Girona, España)

«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano (...y)
 la tierra da el fruto por sí misma»


Hoy Jesús habla a la gente de una experiencia muy cercana a sus vidas: «Un hombre echa el grano en la tierra (...); el grano brota y crece (...). La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga» (Mc 4,26-28). Con estas palabras se refiere al Reino de Dios, que consiste en «la santidad y la gracia, la Verdad y la Vida, la justicia, el amor y la paz» (Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey), que Jesucristo nos ha venido a traer. Este Reino ha de ser una realidad, en primer lugar, dentro de cada uno de nosotros; después en nuestro mundo.

En el alma de cada cristiano, Jesús ha sembrado —por el Bautismo— la gracia, la santidad, la Verdad... Hemos de hacer crecer esta semilla para que fructifique en multitud de buenas obras: de servicio y caridad, de amabilidad y generosidad, de sacrificio para cumplir bien nuestro deber de cada instante y para hacer felices a los que nos rodean, de oración constante, de perdón y comprensión, de esfuerzo por conseguir crecer en virtudes, de alegría...

Así, este Reino de Dios —que comienza dentro de cada uno— se extenderá a nuestra familia, a nuestro pueblo, a nuestra sociedad, a nuestro mundo. Porque quien vive así, «¿qué hace sino preparar el camino del Señor (...), a fin de que penetre en él la fuerza de la gracia, que le ilumine la luz de la verdad, que haga rectos los caminos que conducen a Dios?» (San Gregorio Magno).

La semilla comienza pequeña, como «un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas» (Mc 4,31-32). Pero la fuerza de Dios se difunde y crece con un vigor sorprendente. Como en los primeros tiempos del cristianismo, Jesús nos pide hoy que difundamos su Reino por todo el mundo.

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